¿Tu Iglesia Te Importa?


Por Russell George


No es una gran sorpresa que hay gente en el barrio de cada iglesia evangélica que aborrecen a la iglesia. Ellos estarían contentos de ver la iglesia cerrar sus puertas para siempre. Hay otros que son indiferentes. No asisten a la iglesia pero no están en contra tampoco. Otros hablan bien de la iglesia. No la asisten pero piensan que la iglesia va a tener una buena influencia y que servirá para mejorar el barrio. Debemos procurar que la iglesia tenga un buen testimonio en el barrio pero, a su vez, no tenemos que afligirnos si hay algunos que hablan mal de ella. No importa cuan buena es la iglesia, algunos van a hablar mal de ella.

Quiero dirigir estas líneas a los que asisten a la iglesia; a los que tienen lo que les llaman "mi iglesia". ¿Qué importancia tiene tu iglesia? Entre los que asisten hay varias opiniones. Voy a dividir a ellos entre cuatro grupos. Primeramente hay los que son "creyentes cómodos". Ellos no estarían muy afligidos si la iglesia tuviera que cerrar sus puertas para siempre. Su iglesia tiene poca importancia. Su propio bienestar y comodidad tienen prioridad. Si hay conflictos entre el horario de la iglesia y lo que ellos quieren hacer, la iglesia será la sacrificada. Por supuesto, una iglesia no marcha bien si está compuesta de muchos "creyentes cómodos".

Muchas iglesias tienen algunos "domingo por medio" creyentes. Ellos son parientes de los "de vez en cuando cristianos". Ellos tienen un pie, no más, en la iglesia. Están dispuestos a identificarse con la iglesia pero no quieren ser tan metidos que la iglesia puede confiar en ellos. Siempre quieren reservar para sí la opción de no ir a la iglesia por en caso... Ellos están dispuestos a reconocer que la iglesia puede añadir algo a su vida pero no es algo tan imprescindible que tienen que asistir sin faltar.

Casi siempre las iglesias tienen algunos creyentes que son la "súper pelota" tipo. Ellos caen en la iglesia con un gran salto. Están tan entusiasmados que estarían dispuestos a hacer casi cualquier cosa. Cuesta para ellos entender porque los demás no tienen el mismo entusiasmo. Pero se nota que van disminuyendo con cada salto hasta que llega el día que no saltan más. Afortunado es el pastor que tiene la sabiduría de esperar en dar responsabilidad a ellos. Los que sirven mejor son los que no saltan tan alto pero siguen saltando con fidelidad.

La iglesia afortunada es aquella que está compuesta de un buen número de "nunca faltan" creyentes. Son aquellos que tienen disciplina en su vida. Ellos no toman la decisión semanalmente de ir a la iglesia. Ya tomaron la decisión una vez para siempre, de asistir fielmente. Por supuesto, ellos también a veces tienen impedimentos y tienen que preguntarse, ¿es bastante serio impedirme de asistir a la iglesia? Ellos no son esclavos de la iglesia. Ellos aman a su iglesia. Es una parte de su vida. Ellos quieren verla crecer. Están dispuestos a compartir lo que pueden por el bien de ella. Si la iglesia marcha bien están contentos; si no, están afligidos.

Desde que Dios ama a su pueblo él ha provisto por su bienestar. Entre todo lo que él ha provisto es la iglesia. Él sabe que es algo imprescindible. Por eso, hay la exhortación en Hebreos 10:25 "No dejando de reunirnos, como algunos tiene por costumbre, sino exhortándonos, y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca". Una de las grandes ventajas de ser parte de una iglesia es la de disfrutar de comunión. Primera de Juan hace mención de la importancia de la comunión. "Pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo nos limpia de todo pecado". (I Juan 1:7) Aun antes de esto, en los versículos 3-4, él dijo que el propósito de la comunión es "para que vuestro gozo sea cumplido".

Este artículo no es para reprender a los de ustedes que son algo menos que "nunca faltan" creyentes. Es que estamos conscientes de que ustedes están faltando de algo de lo bueno que Dios tiene para los suyos. Queremos que su gozo sea cumplido. ¿Qué clase de creyente eres? Si te das cuenta de que eres algo menos de un "nunca falta" creyente, pide a Dios su perdón y su ayuda en dar a la iglesia la importancia que merece. Es el camino hacía a la bendición más grande de Dios.


Regreso a LITERATURA BAUTISTA